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viernes, 20 de mayo de 2016

Sin comida, materiales, ni docentes: la crisis arropa a los preescolares


Sobreprecio de los materiales de trabajo, aumento del costo de la vida, escasez de alimentos y productos, incremento de los salarios y poca preparación de los docentes son solo algunos de los problemas que afectan a los centros de educación inicial

Jesús Suárez / LA RAZON

La falta de comida también toca la puerta de los preescolares y maternales. En los centros de educación inicial se han adaptado a trabajar con limitaciones desde hace 3 o 4 años, según relatan los docentes, pero este 2016 la crisis los ha golpeado más. La alimentación de los más pequeños se tambalea en unos y dejó de existir en otros.

En Mi Pequeño Mundo, preescolar ubicado en El Valle, la directiva busca estrategias para cubrir la alimentación de los niños. Piden colaboración a instituciones del Estado como Mercal y Pdval o a abastos particulares; usan los tickets de alimentación o bonos que los representantes perciben en sus trabajos por concepto de guardería y hasta la misma directora sale a buscar comida para los chamos y hace cola cada vez que sea necesario.

En el preescolar Francisco Javier Ustáriz, ubicado en San Mónica, no ofrecen almuerzo desde hace 3 años, cada niño debe llevar su comida.

En la Escuela Uno, localizada en el mismo sector, se organizaron y crearon una Asociación Civil que ofrece almuerzos (sopa, seco y jugo) a los niños de la institución por 450 bolívares. En 2014-2015 valía 350 bolívares. Este año eliminaron los desayunos.

Las instituciones que pertenecen al Estado, en teoría, reciben comida del Sistema de Alimentación Escolar (SAE, antes llamado PAE), sin embargo, según Teresa Correa, directora del preescolar Mi Pequeño Mundo y jubilada por Ministerio de Educación, este programa siempre ha tenido fallas, la comida que surte no cubre con la demanda de cada preescolar, se retardan hasta dos semanas en acudir y en los últimos meses el problema se agudizó.

Para Marianela Herrera, médico nutrólogo de la Fundación Bengoa, lo que están viviendo los programas de alimentación es el reflejo de la crisis del país.

“Lo que está sucediendo en los jardines infantiles es grave. Hay gente que no solo envía a sus hijos por educación, sino también para que se alimenten porque tienen esa necesidad”.

Asegura que el deterioro de la calidad de la comida ha disminuido y ni hacer una dieta balanceada es posible. “En la encuesta de Condición de Vida de los venezolanos, realizada por la Fundación Bengoa, la UCV y la USB en 2014, en el capítulo de Alimentación reflejaba que los huevos y las proteínas habían desaparecido de la intención de compra de los estratos menos favorecidos”. En ese listado se asomaba el pollo y la carne. En 2015 la situación empeoró y este año se ha agudizado.

Para enfrentar esta crisis, Herrera sugiere a los padres que no les den comida a los niños solo para quitarle el hambre, sino que es importante que empiecen a incluir vegetales, hojas de remolacha, espinaca, acelgas y hojas verdes que contengan hierro.

Además, deben tener en cuenta que es importante hervir el agua antes del consumir, y a las madres que tienen niños dentro de la etapa de la lactancia deben fortalecerla y no dejarla a un lado. Todas estas alternativas pueden ser llevadas a los centros de educación inicial para que se multipliquen.


Lista de útiles reestructurada

Silvia González, directora del Francisco Javier Ustáriz, afirma que ellos solicitan más útiles escolares de los que exige en Ministerio de Educación “en una proporción de 5 a 15. Los supervisores de la Zona Educativa lo saben. Tenemos reducción del material de trabajo”.

Por ejemplo, entre las sugerencias del Estado no incluyen pliegos de papel crepé, marcadores punta fina, cartillas de letras, entre otros, y se quedan cortos con algunos útiles como un solo papel bond para todo el año, una cartulina, una carpeta o 50 hojas tamaño carta.

Algunas de las alternativas que han tenido que aplicar en los preescolares es reutilizar material de años anteriores, compartir entre los que llevan (no todos los padres cumplen con los pedidos o los consignan poco a poco durante el año) y hasta los docentes sacan dinero de su propio bolsillo.

Ani Adam tiene a su hijo estudiando en prekinder en Bello Monte, municipio Baruta, y asegura que este año fue más difícil cumplir con la lista, pues todo “cuesta más del triple en comparación con el año pasado. Un libro que estaba en 600 bolívares ahora vale 3.500, los creyones pasaron de 500 bolívares a 2.500. Tuvimos que reciclar los creyones y usar otro libro”, cuenta.

En esa misma institución –pidió que no fuera identificada- le exigen uniforme de lunes a jueves, los dos primeros días es un conjunto y los últimos dos otro, por lo que necesita 4 camisas y 4 pantalones. Adam aseguró que este año gastó 14.000 bolívares sin incluir zapatos y medias. Los viernes los niños llevan cualquier ropa.

Asimismo, las directivas de diferentes instituciones desde el año escolar pasado han tenido que agregar a sus listas de útiles papel higiénico, jabón líquido, toallas húmedas, pasta de dientes y hasta pañales.

En este último caso, Silvia González cuenta que ha sido lo más complicado para los representantes. “Algunos nos mandan uno o dos pañales para todo el día y nos piden que los ‘estiremos’, a veces se nos hace imposible y si un niño necesita le damos uno de otro y le decimos a los padres que deben reponerlo”.

Anteriormente, los productos de higiene personal se los compraban a empresas de la zona por bultos, pero ya no venden.

En centros de educación inicial públicos no pueden pedir lista de útiles pero las maestras, al menos, solicitan alguno que otro implemento para cubrir sus necesidades, pues por lo general lo que les surte el Ministerio de Educación resulta insuficiente, comentaron varias maestras.


Menos materiales, menos viajes

No solo los útiles son pocos, el mobiliario y los materiales didácticos cada vez son más difíciles de reponer. Kateryc Romero, maestra del preescolar adscrito al Instituto Nacional de Hipódromos, asegura que padecen de esos problemas, tienen 4 años con el mismo mobiliario grande, y dos con el didáctico. Además, solo cuentan con 2 baños para más de 200 niños.

Para los privados pintar y adquirir una mesa es casi imposible, un escritorio especial para preescolar vale más de 24.000 bolívares. “Antes comprábamos alfombras y grama artificial, ya no podemos. Hasta nos quedamos cortos con lo que pedimos de inscripción, 9.000 bolívares por niño, para pintar”, dice Silvia González.

Marianela Rodríguez, coordinadora desde preescolar hasta 2do grado de educación básica de la Escuela Uno, señala que “toda la vida” han pedido un juguete o cuento educativo por alumno para impulsar el sentido de pertenencia y alternaban con actividades usando los materiales didácticos de la institución, ahora trabajan con lo mismo de hace un par de años y no han podido reponer los materiales que se han desgastado o dañado.

En relación a los paseos que hacían a parques y museos, asegura que los redujeron 50%. “Salíamos cada dos meses, ahora cada cuatro, principalmente porque el costo del transporte aumentó. Antes nos costaba 5.000 bolívares y ahora más de 15.0000. Además, en esas visitas organizábamos nosotros las comidas y ya no podemos, la deben llevar los niños”.

Teresa Correa, por su parte, afirma que hace 3 o 4 años hacían un paseo por mes. Ya los suprimieron; celebraban las fiestas de los cumpleañeros mensuales con colchones inflables y varias actividades, ahora solo hacen una reunión sencilla; repotenciaban el material didáctico anualmente y en la actualidad lo hacen cuando pueden; pasaron de fumigar 3 veces al año a solo una.

También le hacían cotillones a los niños con 5.000 bolívares, ya no pueden, deben presupuestar más de 20.000 bolívares; las celebraciones ahora son en fechas puntuales como Navidad o el Día del Niño, y dejaron de cortar la grama cada 15 días para hacerlo cada 30 o 45. Hasta reponer equipos se les ha complicado, desde hace 5 meses no tienen DVD, no hay variedad en el mercado y los que encuentran superan sus cálculos.

Asimismo, se las han visto difícil con el material de oficina. Correa cuenta que estuvieron desde noviembre hasta febrero sin tinta en la impresora, por lo que pedían a algún representante o conocido que les hiciera el favor.

En la Escuela Uno no tienen tinta para imprimir desde el año pasado, así que acuden a un cyber o usan la fotocopiadora. Los padres de los niños también les brindan ayuda.

En el caso de la infraestructura, Correa aborda este problema desde dos puntos de vista: lo que viven los centros privados y lo que viven los públicos. En el caso de los segundos asegura que “tienen demasiadas fallas, pese a que el Estado dice que está todo bien. Les falta mantenimiento, pintura, electricidad, plomería”.

Los privados también tienen problemas, sin embargo son supervisados regularmente, afirma la profesora. “Nos regimos por el Ministerio de Educación, nos hacen visitas anuales y debemos tramitar permisos relacionados con sanidad, nutrición, FEDE -que es la Fundación de Edificaciones y Dotaciones Educativas-, de bomberos y otros. Tenemos que tenerlos a la mano y vigentes. En los públicos no hay estos controles”.


Aumentos salariales afectan

Además del incremento de todos los productos y servicios, “desde que iniciaron los aumentos de salarios y del cesta ticket, indiscriminados, hemos tenido que recortar por todos lados. Estos dos últimos años han sido graves”, afirma Correa.

La directora asegura que el Ministerio de Educación solo les permite un aumento anual entre 10% y 15% en la matrícula, pero eso nunca les ha alcanzado para todos los incrementos que deben cubrir y más aún cuando, en promedio, el aumento del pago al personal es de 35%”.

Incluso desde enero de 2015 hasta el 1 de marzo de este año el sueldo pasó de 3.270 bolívares a 11.577 (más de 250%), y los cesta ticket solo desde noviembre de 2014 hasta marzo incrementaron de 6.700 bolívares a 13.275 (más de 98%).

Tanto en las unidades educativas Francisco Javier Ustáriz y Escuela Uno hicieron aumentos porcentuales a principio del año escolar y en noviembre. La mensualidad en la unidad educativa donde Ani Adam tiene a su hijo cerró el año escolar 2014-2015 en 10.000 bolívares e inició este en 25.000 bolívares. No han vuelto a realizar ajustes.

Los aumentos de los pagos deben ser conversados con los padres y representantes de los niños, quienes se deben comprometer a cancelar el monto pues en caso de que se retrasen las unidades educativas están en la obligación de no retirar al menor.

“La Lopnna los protege, no hay ninguna ley que a nosotros nos garantice ese pago. Lo único que podemos hacer es recordarle a los padres. Si el niño termina el año escolar y se lo llevan sin pagar es pérdida. Nos ha pasado”, agrega Correa.


Baja calidad docente

El déficit de docentes es otro problema que están enfrentado los preescolares y centros de educación inicial, los cuales en algunas oportunidades terminan recibiendo apoyo de los representantes para hacer suplencias. Pero según los consultados, lo más preocupante es que la calidad de los maestros que están saliendo de universidades es cada vez menor.

“La calidad profesional ha bajado mucho. No tienen vocación, espíritu de trabajo, vienen por un sueldo, creen que no van a hacer nada, que es fácil, y cuando llegan se estrellan porque sí hay muchísimo trabajo”, asevera Correa.

Carlos Trapani, abogado especialista en niñez y adolescencia de Cecodap (Centros Comunitarios de Aprendizaje Por los Derechos de la Niñez y Adolescencia) y profesor de la carrera de Educación Inicial de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), concuerda con Correa.

“Me preocupa la educación de los docentes. Deben superar el esquema de que son cuidadores o cambiadores de ropa. Ellos son personas que deben garantizar que los niños se desarrollen en la parte afectiva, emocional, social y psicomotora”.

Los docentes, prosigue Trapani, deben ser integrales para que tengan la capacidad de promover los derechos del niño, eviten la violencia escolar y den las bases para el mejor crecimiento de los pequeños.

Enumeró una serie de razones que están afectando la formación de los maestros: desmotivación, falta de espacios para la profesionalización, descrédito social hacia la docencia, ser una carrera poco atractiva, tomar a la educación inicial como un espacio de cuidado y no de formación, y la falta de construcción de nuevos centros de educación inicial.

En relación al último punto, lo que sí han crecido son los espacios inadecuados para la formación de los niños. “Desde la Constitución de 1999 los maternales ingresaron en la educación formal, con el artículo 103. Antes no tenían necesidades de estar inscritos en el Ministerio de Educación, y, posteriormente, con la publicación de la Gaceta Oficial N° 38.108, del 17 de enero de 2005, se marcan las normas para el funcionamiento de los centros de educación inicial”, señala Luis Zambrano, abogado del Consejo Municipal de Chacao.

En ese municipio han tenido la experiencia –con apoyo del Ministerio- de cerrar temporal o definitivamente espacios que no cumplían con todas las normas estipuladas en la Gaceta

Entre los casos más comunes que han conseguido destacan la presencia de personal que no es idóneo, por ejemplo, una señora de 60 o 70 años de edad cuidando a cerca de 10 niños; condiciones de infraestructura con fallas, poca seguridad para los niños y escasas garantías pedagógicas para los niños.

Sin embargo, confiesa Zambrano, la tarea no es fácil, pues muchos de estos lugares están ubicados en edificios o casas que no son sencillas de identificar, funcionan de manera solapada y solo los localizan por las denuncias de los vecinos.

Cuando las personas no están preparadas para la docencia, afirma el especialista, terminan poniendo a los niños viendo ‘Barney’ metidos en un corral todo el día. Los maestros deben estimularlos para que se desarrollen y retengan conocimientos, aspectos que son fundamentales en el crecimiento de los niños desde los 0 hasta los 6 años, y así lo dice la Constitución. Y lo recuerda el abogado.


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